Empanada alienígena

Creo que el título de la entrada («título pervertido» que llevo utilizando varios años para referirme a esta novela) lo dice todo. A años luz de su celebrada (aunque no por todos) primera novela, Empotrados, Embajada alienígena está a medio camino entre el relativo convencionalismo narrativo de su debut novelístico y la locura desatada de sus últimas obras. Lo que no puede negarse es que Watson es una auténtica fábrica de ideas, poseedor de una imaginación apabullante, y está especialmente dotado para la ilustración literaria, por llamar de alguna manera a la creación de imágenes mediante palabras, quizá el talento de Watson más destacable junto con su inventiva. Pero decir que las obras de Watson son un derroche de imaginación no es precisamente un halago; quiero subrayar la palabra «derroche». Watson desperdicia sus ideas. Mezcla tal cantidad de ingredientes y de manera tan caprichosa que al final le sale una pasta informe, asquerosa y maloliente. Y es que (por seguir con la metáfora gastronómica) por más que los ingredientes sean de buena calidad, si los mezclas a tontas y a locas y no los preparas bien, el plato nunca podrá estar bueno. Yo, personalmente, quedé empachadísimo y fui incapaz de terminarlo.
Lo malo es que el libro no se lo puedes echar a las gallinas.
Lo malo es que el libro no se lo puedes echar a las gallinas.

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