Ecos Cavernarios

Diario de un cavernícola con síndrome de Peter Pan

16.7.09

Algunas fotos...


En el último año he retomado mi afición por la imagen (a la fuerza ahorcan) y he sacado algunas fotos con mis cámaras (una reflex Nikon D40 y una compacta Lumix-Panasonic DMC-LS2, más dos a las que he tenido acceso, una reflex Olympus E-410 en el laboratorio de artes gráficas de La Albericia y una semicompacta Canon PowerShot G3 en el curro) que luego he colgado en mi espacio de Flickr, algunas de ellas retocadas.

Estoy a punto de comprar una cámara nueva para reemplazar la Nikon D40, que se me queda algo pequeña, y he pensado en probar con Canon. También quiero actualizar mi cuenta de Flickr para poder colgar más fotos y ordenarlas mejor. Así que toca recapitular.

Aquí tenéis algunas de las fotos más “interesantes” (según la propia Flickr) que he sacado hasta ahora:

VirtusVirtus

Cliché ICliché (I)

Bus StopBus Stop

NoriaNoria

18.6.09

Sant*gold - Lights Out


Santi White, Santigold, antes se hacía llamar Santogold. Para evitar el lío, cuando busco sus canciones en el disco duro (lo cual ocurre bastante a menudo últimamente) pongo un asterisco en lugar de la segunda vocal. :-)

¿A que da ganas de comerse un chicle sin azúcar? O dos.

El disco no tiene desperdicio.




Lights Out

Lights out.
Shoot up the station.
TV's dead, where's there to run.
Watch everybody come undone.

Lights out.
We'll make it easy.
We'll make it fun.
Won't let them see now, how they had won.
Still I wait another round.

Darling,
Don't got to worry, you're locked in tight.

Darling,
Don't got to worry, turn out the light.

Wiped out.
No concentration.
They got us basking in a storm.
I watch it as it loses form.
Wiped out.
They could see me; that's what I want.
A casualty, but I am upfront
And I know what it's about.

Darling,
Don't got to worry, you're locked in tight.

Darling,
Don't got to worry turn out the light.

I'm still a shaking my head.
The one you can't account for.
I keep just one step ahead.
There's no place to run.

Darling,
Don't got to worry, you're locked in tight.

Darling,
Don't got to worry, turn out the light.

14.3.09

Orejas de cerdo con salsa brava


La primera vez que comí oreja de cerdo fue cuando asistí a la Hispacon de Getafe en 2003. A pesar de que lo gelatinoso, generalmente, no me va demasiado, la tapa me encantó. Pues eso era: una tapa, una pequeña ración servida en un bar.

En cierto modo recuerda a los callos, aunque es mucho más meloso, como las patas, y es ideal para comer con un cacho de buen pan blanco y una cerveza fresquita (o dos).

Hace un par de semanas, mi madre compró dos bandejas de oreja de cerdo y las congeló. Normalmente no las habría comprado, pero estaban de oferta. (Ya sabéis.) Las compró para echarlas en el cocido montañés, pero yo, al ver tanta oreja junta, enseguida les asigné otro destino.

Mi madre no ha querido (está de dieta) así que nos las hemos zampado mi padre y yo. ¡Qué ricas! Con su punto exacto de picante, melosidad, el contraste entre el triscante interior y el gelatinoso exterior... ¡Uf!, y me sentaron estupendamente, acompañadas por unas patatas fritas regadas con la salsa brava que había sobrado.

Media ración que separé para la cata previa (perdón por la calidad de la foto; era de noche y la luz de la cocina es muy mala para sacar fotos, así que tuve que usar el flash).


Ingredientes (para dos personas):

Tres orejas de cerdo
Unos granos de pimienta negra
Una hoja de laurel
Un bote de tomate triturado (800 gramos)
Tres cayenas (pequeñas guindillas rojas picantes, secas, de unos dos centímetros de largo)
Una cucharada bien colmada de harina
Una cucharada de azúcar
Una cucharada de sal
Un vaso de vino blanco
Aceite de oliva virgen extra

Instrumental:

Un cuchillo bien afilado
Una cuchara sopera
Tabla de corte
Un batidor de varillas
Un colador
Una sartén honda (con tapa)
Una plancha o sartén plana (de buen diámetro)
Una olla a presión.

Lo primero es limpiar bien las orejas. Debajo del chorro de agua caliente del grifo, frotando bien hasta eliminar toda posible suciedad, y en la tabla, con el cuchillo, eliminando los pelos que puedan haber quedado, etc.

Hecha la limpieza, se procede a cortar las orejas en cuatro trozos de tamaño similar. Cuidado al cortar, porque la oreja cruda es como caucho y el cuchillo puede resbalar o desviarse; usad un cuchillo bien afilado y cortad con la debida cautela.

En la olla a presión se echa abundante agua (como para cocer pasta), la sal, la pimienta en grano y la hoja de laurel. Se pone a fuego fuerte sin tapa y, cuando esté hirviendo, se echa la oreja y se deja hervir cinco minutos; luego se baja el fuego y se pone la tapa de la sartén, dejándolo cocer una media hora. Transcurrido ese tiempo, se cambia el agua, poniendo la suficiente para cubrir las orejas, y se cierra la olla con su tapa, cociendo las orejas a presión máxima durante otra media hora.

¿Por qué hago esto? Para que al final tenga un sabor suave y con el punto exacto de sal.

Cocidas las orejas, habrá que reservarlas y dejarlas enfriar un poco antes de trocearlas en cuadraditos, más o menos del tamaño de una tarjeta de memoria SD (si no meto algún detalle friki o geek, no soy yo mismo).

Pero antes de pasar a la plancha tenemos que hacer la salsa brava. Lo haremos mientras se va cociendo la oreja; hay tiempo de sobra.

En la sartén honda, echaremos dos o tres cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, que calentaremos, echando el tomate triturado a continuación. Hay que ponerlo a fuego lento para que el tomate se vaya confitando, removiendo con las varillas constantemente para controlar la cocción y la ebullición del tomate. (¡Cuidado con las salpicaduras!) Tras las primeras vueltas, echaremos el azúcar y las cayenas, sin dejar de remover con las varillas; cuando empiece a espesar, echaremos el vino blanco. Remueve que remueve, evaporado ya el alcohol, iremos echando la harina con la ayuda de un colador, batiendo al mismo tiempo con cierta energía para que no se formen grumos. Esto requiere de cierta habilidad, golpeando el canto del colador con el mango del batidor; si no eres mañoso, que te ayude alguien a ir espolvoreando la harina mientras otro bate.

Cuando las cayenas estén blandas, es buena idea sacarlas y extraer la pulpita interior con el cuchillo para añadirla a la salsa, desechando las pieles.

Como veis, la salsa no lleva sal añadida; esto es porque ya el tomate triturado tiene la cantidad justa de sal en la conserva.

Chup chup, fuego muy bajo, remover de vez en cuando con las varillas, dejar que espese...

En la plancha o sartén plana, echaremos un chorrito de aceite (no mucho; lo justo para rehogar) y, cuando se haya calentado, las orejas cortadas en cuadrados. Iremos rehogando hasta que se doren y pierdan parte del agua de la cocción, pero sin que mermen demasiado. El punto es complicado; se trata de que recuperen cierta firmeza sin que queden totalmente fritos. Depende, también, del gusto de cada cual.

El último paso es añadir la salsa brava a la oreja, mezclando bien para que se intercambien los sabores. ¡Delicioso!

6.3.09

Salmón a la plancha con salsa gravlaxsås.


A pesar del nombre tan exótico, es un plato muy fácil de preparar; es un plato de iniciación, digamos. Las cantidades que indico son para una persona.

Ingredientes: un par de buenas rodajas de salmón fresco, dos limones, 100 centilitros de aceite de oliva, sal, pimienta blanca, eneldo (da igual si es fresco o del seco), un huevo, dos cucharadas de vinagre y dos cucharadas soperas, bien colmadas, de mostaza (yo uso normalmente mostaza de Dijon, pero me da que le vendría mejor una mostaza alemana, más suave).

En un recipiente llano se echa el zumo de los dos limones, ocho cucharadas soperas de aceite, salmón, un pellizco de sal y un poquito de pimienta blanca (he dicho un poquito, mucho ojo, que la pimienta la carga el diablo) y se mezcla bien. Para esto yo uso un tupperware rectangular, de poca profundidad; le pongo la tapa, hago el vacío y le pego unos buenos meneos, como si con ello le estuviera dando a Joan Clos en la cabeza.

Se toman los filetes de salmón y se remojan en la mezcla durante dos minutos por cada lado.

Se toma una sartén y se pone en el fuego hasta que esté bien caliente. Cuando esto sea así, se escurren los filetes, se baja el fuego y se ponen a dorar por ambos lados, a fuego lento.

Mientras se dora el salmón, elaboraremos la salsa gravlaxsås. Se trata de una típica salsa sueca que se toma casi siempre con el salmón. Lo bueno es que sirve para todo tipo de preparaciones de este pescado: al horno, ahumado, marinado, cocido, a la plancha, al microondas... Aunque pega muy bien con cualquier pescado en general. Yo la descubrí en Ikea, donde la venden ya preparada, aunque le echan espesantes y no es lo mismo que tomarla echa en casa.

En un tarro pequeño, echad el resto del aceite, las dos cucharadas soperas de vinagre, la mostaza, la yema del huevo, un cuarto de cucharadita de sal (de cucharilla pequeña, eh), y un cuarto de cucharadita de eneldo. Se pone la tapa y se dan unos buenos meneos hasta que se mezcle bien. Y ya está. Tiene que quedar espesilla y agridulce. Por tanto, ojo con la cantidad de aceite o quedará demasiado líquida; depende del tamaño del huevo. Si el huevo es pequeñito, añadid otra yema, vamos...

Como guarnición, yo pondría unas patatitas peladas y cocidas al vapor. Para beber, una cerveza rubia bien fría y, de postre, sorbete de limón.

27.1.09

Watchmen - Fondos de pantalla


En una hora muerta, me he currado unos fondos de pantalla (sin ánimo de lucro) de mi cómic favorito, aprovechando la “intro” de la web británica de la película. Que aprovechen.


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5.1.09

Peaches & Iggy Pop - Kick It


Los zombis están de moda. Peaches está de moda. Iggy Pop nunca dejó de estar de moda. Kick It!



4.1.09

El whisky de Lidl es cojonudo



Gracias a un soplo de Domènec en el grupo de noticias de Usenet es.charla.gastronomia, he podido hacerme con una botella de whisky escocés con una relación precio-calidad insuperable, y cuando digo insuperable quiero decir que será dificilísimo superarlo, ya que nunca se sabe lo que puede pasar (y esto es buena muestra de ello). Podéis verla todavía intacta en la imagen de arriba.

Lo están vendiendo en Lidl por 15 €; un whisky de malta de 12 años, marca Ben Bracken, que está francamente bien, sobre todo para el precio que tiene. Realmente bueno...

¡Como para no estarlo, ya que en realidad es Tamnavulin!, un estupendo whisky de la zona del Speyside, al noreste de Escocia, cuya destilería cesó de producir en 1995, por causas ajenas a la calidad de su producto.



En 1993, la destilería Tamnavulin fue adquirida en un paquete de destilerías por la empresa Whyte & MacKay, que dos años más tarde decidió que dejase de producir. La destilería sigue existiendo y su maquinaria está intacta y en condiciones de producir, pero su actividad está congelada. ¡A saber por qué! Yo no lo entiendo, la verdad.

Como consecuencia, después de 13 años y pico, es un whisky difícil de encontrar. Así que os podéis imaginar la alegría de muchos aficionados cuando se ha descubierto que el humilde Ben Bracken de Lidl es, en realidad, Tamnavulin.

Ben Bracken dice en su etiqueta que es un whisky de Speyside, pero no hay ninguna destilería con ese nombre en la región. Es un producto de la compañía Clydesdale, que forma parte del grupo Whyte & Mackay. La única destilería de Speyside propiedad de este grupo es Tamnavulin... Por lo visto, Whyte & Mackay ha estado vendiendo remanentes de whisky destilado por Tamnavulin y reembotellado por Clydesdale a la distribuidora Lidl.

Así que ya sabéis, si os gusta el whisky escocés en la línea de Glenlivet, y especialmente si añoráis el Tamnavulin, corred al Lidl a ver si les quedan botellas de Ben Bracken.

2.1.09

Cocido montañés


Preparar un cocido montañés puede resultar un poco aburrido si se pretende hacerlo bien, pero el resultado merece la pena.

Cocido montañés preparado por el autor en Astillero (Cantabria)
Cocido montañés preparado por el autor en Astillero (Cantabria).

Dependiendo de dónde seáis, puede costaros encontrar algún ingrediente. Lo más "auténtico": alubias de Guriezo, Meruelo o Solórzano, berza de asa de cántaro y morcilla de Burgos.

La berza en cuestión no es el típico repollo esférico. Es la variedad de col forrajera conocida como "asa de cántaro", de hoja bien verde, bastante oscura, y nervios de un verde más claro o blanquecinos.

Si tenéis morcilla de arroz ("de Burgos", decimos por aquí), podemos proceder. Si no, no es cocido montañés. Una vez, en Murcia, me tuvieron que preparar las morcillas expresamente porque allí no se consumían (curiosa y bonita anécdota que contaré en otra ocasión). Y no veáis qué ajetreo por todo el barrio en busca de la berza adecuada; me fue imposible encontrarla y tuve que conformarme con unas hojas de acelga. :-))

El cocido montañés es plato único; llena bastante y para seguir basta con un poco de tarta de queso con miel, té de los Puertos (una infusión típica de la Montaña) y un orujito. Así se queda uno listo para una siesta de las que hacen época. :-)) Yo no lo comería para cenar.

Normalmente se come uno primero la parte vegetal, picando del compaño, y luego la parte cárnica.

Una variante no muy ortodoxa pero aceptable es usar, en vez de alubias blancas, caricos. El carico es una variedad local de alubia roja, típica de Liébana, muy popular. El carico de Guriezo es muy rico. Además, el cocido montañés se puede engordar con algunos cachos de nabo o, incluso, una heterodoxa patata (de Valderredible, por supuesto), aunque personalmente me parece una herejía añadirle patata al cocido montañés.

Acompáñese con buen pan de torta, a poder ser de Campoo de Yuso (de La Población o de Orzales) y un tinto joven (os recomiendo que probéis con uno de maceración carbónica, suelen ser vinos suaves y ligeros que contrastan muy bien con el cocido).

Empezamos con los ingredientes:

  • Alubias blancas, un cuarto de kilo (no tienen por qué ser cántabras; valen unas leonesas de plancheta o de riñón).
  • Costilla de cerdo adobada, 250 gramos.
  • Panceta, 100 gramos.
  • Tocino, 60 gramos.
  • Chorizo (para cocido), 150 gramos.
  • Morcilla de Burgos, 250 gramos.
  • Berza montañesa, 3/4 kilo. La de asa de cántaro se puede sustituir por repollo, col u otras verduras, pero no es lo mismo.
  • Cebolla, una (mejor roja).
  • Ajo, un diente.
  • Pimentón dulce, 1 cucharadilla.
  • Aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas.
  • Sal, pimienta y una hoja de laurel.
  • Agua, por supuesto (no es raro el caso de alguien que se va al monte a hacer un cocido montañés y se olvida de llevar agua, o se queda corto por llevar la justa para cubrir las alubias una vez).

Puede que a primera vista las alubias os parezcan pocas. No es así. De hecho, para cuatro personas basta con 200 gramos. Pero sé por experiencia que siempre hay quien quiere repetir. (Normalmente, yo.) :-)) Tened en cuenta que las alubias plancheta aumentan mucho de volumen durante el remojo y todavía más tras la cocción.

Una cosa que hacemos en mi casa (y que, desgraciadamente, no es muy tradicional) es someter a la alubia a una precocción de diez o quince minutos; luego se tira el agua y se vuelve a empezar. Así luego dan menos “problemas” (de los que suenan al salir, ejem).

Para preparar este plato como es debido hacen falta cuatro o cinco horas. En olla express no sale igual.

Después de lavar las alubias, hay que tenerlas 12 horas en remojo. Se ponen en un recipiente y se cubren con 3 veces su volumen de agua. Es mejor usar agua caliente; se remojan mejor. Yo siempre las inundo a las nueve de la noche, ya que tengo que empezar a cocinar a las nueve de la mañana siguiente para tenerlo listo a la una y media o las dos.

Después, cada maestrillo tiene su librillo. Os cuento cómo lo hago yo:

Primero, pongo el despertador. Hay que levantarse antes de las nueve, cosa que raras veces hago de manera espontánea.

Duermo ocho horas, me aseo, voy a la cocina, pongo la radio, desayuno y leo el periódico. Al cabo de un rato, suenan las señales horarias. Son las nueve de la mañana; las ocho en Canarias.

Tengo dos ollas grandes, una express y otra normal. En la express, pongo las alubias, con agua, de modo que queden completamente sumergidas. En la normal, la mitad del tocino, cortado en dados.

Pongo las alubias al fuego con una tapa (que no es la de la express; precisamente es la de la otra, pero encaja). Mientras, voy rehogando la berza picada con el tocino en la normal. Cuando está algo tierna, retiro todo y lo reservo en un plato, añadiendo la panceta y el chorizo en su lugar. Sigo rehogando y retiro el chorizo y la panceta, que van al plato. Por último, echo la morcilla cortada en cuatro partes. Dejo que se haga un poco por los cortes, vuelvo a echar la panceta y el chorizo y apago el fuego debajo de esa olla. Me voy a sentar un rato al sofá del salón; los riñones me están matando. Veo una mierda de dibujos animados políticamente correctos; ¿dónde están el Coyote y Correcaminos?

Cuando vuelvo, ya han pasado diez o quince minutos desde que las alubias empezaron a hervirse. Tiro el agua de las alubias y vuelvo a empezar. Añado el tocino (la mitad cruda y el que rehogué con la berza). Pongo la olla a fuego lento. Subo a mi cuarto, elijo un libro de ciencia ficción que no haya leído, vuelvo a la cocina y pongo la alarma del horno para que suene al cabo de dos horas.

Mientras espero ese momento, pasa el tiempo. Sentado, voy leyendo. De vez en cuando, me levanto y añado agua o no, según me lo pida el caldo. Es importante estar pendiente del nivel del caldo; las alubias no deben quedar nunca al descubierto. Hay que mantener siempre el nivel un centímetro por encima de las alubias.

Suena la alarma y dejo el libro en el banco. Doro las costillas, salpimentadas, en una sartén con buen aceite. Si os gusta la oreja de cerdo, este es el momento (basta con 100 gramitos de oreja, cortada en cuadraditos). Ya doradas, retiro las costillas y pongo en la sartén un poco más de aceite, la cebolla picada en brounoise, el ajo y el pimentón dulce. Vierto este sofrito en la olla donde aguardan, ya tibios, la berza medio cocida y el compaño.

Echo las costillas (y los trozos de oreja, si las hay) en la cazuela de las alubias. Sigue todo a fuego lento. Me vuelvo a la mesa, con mi libro y un refresco.

Pasa el tiempo. Sigo levantándome de vez en cuando para comprobar el estado de las alubias. Si el caldo está muy espeso, echo algo de agua (sin pasarme).

Ha transcurrido otra hora. Saco una alubia y la machaco en un platito con un tenedor para probar su terneza. Esta alubia machacada vuelve al guiso, contribuyendo a su melosidad final. Cuando veo que empieza a ser fácil aplastarlas, cojo la olla donde reposan la berza y el compaño cubiertos de sofrito y lo añado todo al guiso, recogiendo hasta la última gota gracias a una "lengua de gato". Mezclo con mucho cuidado y pruebo a ver cómo anda de sal. Corrijo, si es necesario (no solemos comer salado) y echo una hoja de laurel.

Y lo dejo todo junto, removiendo de vez en cuando con cuidadito para no romper las alubias, hasta que están bien echas. Al final, algo de la morcilla, con su arroz, se habrá mezclado en la "salsa" de las alubias, con el pimentón y la grasa del compaño, el tocino y el aceite del sofrito, mmm. No debe estar espeso pero tampoco líquido; si está líquido, secuestras unas cuantas alubias y machácalas, añadiendo el puré resultante y removiendo (con cuidado).

¡Ñam, ñam!

Cocido de alubias (en general)


Iba a publicar una entrada sobre el cocido montañés (cocido cántabro de alubias) pero antes he pensado dar unos consejos sobre la alubia en general. Siempre teniendo en cuenta que para las alubias no utilizo jamás la olla a presión.

La clave para cocinar las alubias está en mantener un nivel estable de líquido en la olla y una cierta densidad del caldo, ni muy líquido ni muy espeso. Si el nivel baja y las alubias quedan al descubierto, muy probablemente perderán su piel, algo que se debe evitar.

Hay que estar pendiente, pues, del nivel de líquido, echando agua de vez en cuando para mantenerlo y que el caldo no espese en demasía; las alubias deben estar sueltas en el mismo, haciendo "chup-chup" tranquilamente, a fuego lento. Hay que tener un cuidado extremo al removerlas, procurando no hacerlo a menos que sea necesario.

Siguiendo estos consejos, vuestras alubias llegarán al plato tiernas y enteras.

Resumen general, válido para alubias secas (obviamente, los tiempos de cocción se reducen notablemente en el caso de las alubias frescas, y no digamos las de bote):

    Un buen cocido de alubias es como un bebé.

  1. Embarazo. Lavar y dejar en remojo, en agua más bien caliente (a unos 50 grados), durante doce horas; el agua irá enfriándose y quedará a temperatura ambiente hasta la mañana. Pasado el tiempo, escurrir con cuidado el agua poco a poco; nada de usar cedazos, escurrideras, coladores, etc. Yo siempre aprovecho ese agua para regar mis plantas, porque apenas vale para otra cosa. :-P No debe usarse ese agua en la cocción.

  2. Rotura de aguas. Precocción, partiendo de agua fría en una olla tradicional, llevarlo a ebullición y dejarlo hirviendo 15 minutos pero en ebullición suave; no tienen que bailar swing en la olla, sino un calmo menuet. Pasado ese tiempo, tirar el agua de las alubias (o guardarla para regar los geranios, asegurándose de que esté fría antes de hacerlo) y vuelta a empezar.

  3. Parto. Comienza la cocción. Poner la olla a fuego lento y no subirlo nunca.

  4. Postparto.

    1. De vez en cuando, comprobar el estado del caldo y añadir agua o no, según lo pida. El agua se añade con un vaso, lentamente, o con un cazo. Nunca dejar caer chorros de agua. Hay que hacerlo de manera suave y medida. Es preciso estar pendiente del estado del caldo y atender sus demandas de agua.

    2. A las dos horas de suave cocción, echar la parte puramente cárnica del compaño o como lo llaméis en vuestra tierra. En el cocido montañés, costillitas de cerdo. Con cuidado, sumergiendo las piezas y procurando no mezclar. Lo mejor es coger de las asas y menear de manera circular la olla, con mimo, sin violencia, como cuando se hace un pil-pil.

    3. Hay que seguir estando pendiente del caldo al menos durante una hora más.

    4. Sacar una alubia y controlar su cocción aplastándola con un tenedor. Devolver al guiso y repetir periódicamente, hasta comprobar que están tiernas. Una buena manera de estropear el guiso es malinterpretar la palabra "periódicamente"; no se trata de ir machacando alubias a cascoporro, ¿eh?

    5. Cuando empiezan a estar tiernas, añadir el resto del compaño.

    6. Si ya están tiernas, sólo resta comprobar punto de sal, corregirlo si es necesario y... ¡a comer! El caldo no debe estar espeso pero tampoco aguado; si está demasiado líquido, se separan unas cuantas alubias, se machacan bien y se añaden al guiso, mezclando con mucho cuidado, antes de servir.

Mmmm, qué ricas...

31.12.08

Agua de Valencia


Con este post estreno tema: la gastronomía. Siempre me ha interesado e incluso llegué a pensar en un blog gastronómico en su día, cuando empecé en esto. Pero con lo voluble que soy, vi enseguida que no podría ser.

De todos modos, y ya que este blog mío es cada vez más heterogéneo, este año que mañana empieza voy a meter también notas gastronómicas. Al fin y al cabo, como este alocado mes de diciembre me ha enseñado, frikismo y gastronomía suelen ir de la mano.

Y empezamos con un cóctel que he tenido oportunidad de volver a probar un par de veces esta semana en casa de mi amiga Lessa, precisamente en pleno desafuero friki (jugando al Gran Dalmuti y dándole al Guitar Hero): el Agua de Valencia.

Ella lo prepara con mucho zumo y un poco de ron, y sale rico. Otro amigo presente en la velada, Ishamael, comentó que lleva vodka y es cierto, pero al final cada cual lo prepara a su manera y siempre está bien. Yo soy amigo de las recetas originales, pero las variantes siempre tienen su gracia, algo que ha costado mucho meterme en la cabeza pero que al final mi madre (que siempre ha sido mi principal maestra en estas cuestiones [Mª Jesús Gil de Antuñano aparte]) ha conseguido imbuirme a base de insistir (y de mosquearse más de una vez por mi “talibanismo” gastronómico).

El Agua de Valencia “a la Lessa” lleva, como digo, mucho zumo de naranja (calculo que medio litro por botella de espumoso, al menos) y un chorro de ron. La ventaja de aumentar la proporción de zumo de naranja es que se sube menos a la cabeza, por su contenido en vitaminas.

Yo voy a dar dos recetas, la tradicional (del local valenciano donde nació, la Cervecería Madrid) y una variante que siempre he conocido y que es bastante popular.

  • Agua de Valencia (Constante Gil, 1959): 1 vaso de zumo de naranja natural (18 cl), una copa de vodka (10 cl), 1 copa de ginebra (10 cl), 1 botella de cava semiseco (70 cl) y una cucharada sopera de azúcar (unos 25 gr). Servir muy frío y colado.

  • Agua de Valencia (variante anónima, década de los 80): 1 vaso de zumo de naranja (20 cl), 1/2 vaso de vodka (100 cl), 1/2 vaso de Cointreau y 1 botella de cava brut (75 cl). Servir frío.

El truco está en elegir el cava y suprimir o no el azúcar en función del producto alcohólico que acompañe al vodka. Si echas Cointreau, cava seco y nada de azúcar. Si echas ginebra, cava semiseco y azúcar.

¡Que aproveche!

27.12.08

La TerSa os desea felices Fiestas y un próspero año 2009

Send your own ElfYourself eCards

24.12.08

Fugazi - Argument



when they start falling
executions will commence

sides will not matter now

matter makes no sense

how did a difference
become a disease?

i'm sure you have reasons
a rational defense
weapons and motives
bloody fingerprints
but i can't help thinking
it's still all disease

here comes the argument
here comes the argument
here comes the argument

folderol

it's all about strikes now
so here's what's striking me
that some punk could argue
some moral abc's
when people are catching
what bombers release

i'm on a mission
to never agree

here comes the argument
here comes the argument
here comes the argument
here comes the argument
here it comes

11.12.08

J. W. von Goethe, pionero de la psicología del color.



No me enorgullezco demasiado de mis logros como poeta. En mi época han vivido escritores creativos excelentes, los ha habido aun más brillantes antes de mí, y siempre los habrá después de mi tiempo. Pero de ser yo el único en mi siglo que conoce la verdad acerca de la teoría de los colores... ¡Eso es de lo que estoy orgulloso y lo que me da un sentimiento de superioridad sobre muchos [sabios]!

J. W. Von Goethe. Enthüllung der Theorie Newtons (Explicación de la teoría de Newton), segunda parte de Zur Farbenlehre (Teoría de los colores), 1810.



Johann Wolfgang von Goethe fue uno de los intelectuales más influyentes y de mayor prestigio de su época. Su impronta en la cultura alemana se percibe todavía en nuestros días.

Durante el último cuarto del siglo XVIII y el primer cuarto del siglo XIX, Goethe se entregó con una energía aparentemente inagotable a la búsqueda de la belleza y el conocimiento, dejando una profunda huella en la cultura germánica y europea. Goethe encarna el ideal romántico de intelectual anticipado ya por los maestros renacentistas, tan preocupado por la práctica de las artes como por su análisis y estudio, e igualmente apasionado por las letras y las ciencias.

Conocido sobre todo por su obra literaria, Goethe destacó en 1774 con su novela Las desventuras del joven Werther, y, sobre todo, con la primera parte de Fausto, su obra más famosa, terminada en 1806. Sin embargo, dedicó su tiempo a numerosas áreas y disciplinas, tanto artísticas como científicas y filosóficas, destacando en todas ellas. De sus variadísimos intereses, interesa aquí resaltar dos muy concretos, uno científico y otro filosófico, que se complementaron entre sí. Me refiero a su interés por la óptica y por la estética.

Fruto de este interés científico y estético por la luz y el color fue su libro Zur Farbenlehre (Teoría de los colores), escrito en 1810. Opuesto en muchos aspectos a la óptica newtoniana, que criticó duramente (causando no poca polémica en su tiempo), ha quedado parcialmente desacreditado por la física moderna, pero la importancia de sus muchos hallazgos ópticos no se puede minusvalorar, y algunas de sus explicaciones siguen vigentes hoy en día. De todos modos, no entraremos aquí a reseñar sus hallazgos científicos ni a explicar sus discrepancias, a menudo mal encaminadas, con Newton, sino que nos centraremos en sus consideraciones sobre la percepción, la psicología y la estética del color.

En Teoría de los colores, Goethe trata cuestiones difíciles de resolver, como la significación simbólica de los colores, con una prosa tan persuasiva que difícilmente puede uno dejar de concordar con sus opiniones. Mi profesor de estética en la UNED, Simón Marchán Fiz, insistía mucho sobre la falta o déficit de “valor de verdad” de las teorías estéticas, y concuerdo con sus enseñanzas, pero las conjeturas de Goethe son tan convincentes que uno casi se siente inclinado a aceptarlas como ciertas.

Goethe fue el precursor de la psicología del color. En su tratado se opuso a la visión puramente física y matemática de Newton, proponiendo que el color depende también, en realidad, de nuestra percepción, en la que se halla involucrado el cerebro, y de los mecanismos del sentido de la vista. Aquí hay que reconocer que el genio alemán se columpió bastante, ya que Newton sí que había prestado atención a estas cuestiones, a diferencia de los físicos contemporáneos del propio Goethe, contra los que podría haber arremetido con más razón. Pero, aún así, sus comentarios al respecto revisten un gran interés.

De acuerdo con sus teorías, lo que vemos de un objeto no depende sólo de la materia que lo constituye, ni tan sólo de la luz tal como la entendió Newton, sino que depende de una tercera variable que es nuestra percepción del objeto. El problema a tener en cuenta aquí es la subjetividad inherente a la percepción individual. Goethe intentó deducir las leyes que rigen la armonía de los colores, atendiendo a sus efectos fisiológicos —es decir, al modo en que los colores nos afectan en tanto que seres vivos, organismos que responden a estímulos—, haciendo hincapié, en general, en el aspecto subjetivo de la visión. Este concepto ha tenido una gran trascendencia y sigue siendo válido hoy en día.

Artistas, filósofos, psicólogos y científicos han estudiado los efectos del color durante siglos, desarrollando multitud de teorías sobre el uso del color. El número y variedad de tales teorías demuestra que no pueden aplicarse reglas universales: la percepción del color depende de la experiencia individual. Esto entronca con mi referencia anterior a Simón Marchán Fiz, sobre la falta de verdad en la estética. Pero, como digo, Goethe es muy convincente, y para muchos sigue siendo una referencia. Incluso sus detractores actuales le deben mucho. Por ejemplo, Eva Heller arremete en su famoso libro Psicología del color: Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón (editado por Gustavo Gili) contra las “obsoletas” asociaciones establecidas por Goethe, pero al mismo tiempo su obra es deudora de las ideas del alemán, en tanto que reconoce la importancia simbólica de los colores, insiste en la relación no casual entre determinados colores y sentimientos, en su universalidad, etc.

Siendo así que la percepción del color depende de cada cual, y teniendo cada uno sus propias preferencias y gustos en materia de colores, es difícil negar que todos percibimos, en mayor o menor medida, reacciones físicas ante ciertos colores, sensaciones como la de frío en una habitación pintada de azul claro o la de calor en otra pintada de naranja, amarillo y rojo.

Los colores cálidos estimulan la mente, alegran y hasta excitan, mientras que los colores fríos aquietan el ánimo; los negros y grises pueden resultar deprimentes, mientras que el blanco refuerza los sentimientos positivos.

Aunque estas sensaciones son puramente subjetivas y dependen de la percepción de cada cual, las investigaciones de Goethe y de seguidores suyos como Wittgenstein, por ejemplo, vinieron a demostrar que son comunes a la mayoría de los individuos, y están determinadas por reacciones inconscientes de estos, así como por asociaciones inconscientes de estos colores con determinados fenómenos físicos.

Goethe creó un triángulo con tres colores primarios: rojo, amarillo y azul (no se había afinado aún la síntesis aditiva hasta el punto de identificar con exactitud los verdaderos primarios: magenta, amarillo y cian). Utilizó este triángulo para trazar un diagrama de la psique humana, relacionando cada color con una emoción determinada.


En el triángulo original de Goethe, los tres primarios están situados en los vértices del mismo; las otras subdivisiones están agrupadas en triángulos secundarios y terciarios, donde los triángulos secundarios representan la mezcla de los dos colores primarios que están a su lado, y los colores del triángulo terciario representan la mezcla del color primario adyacente a él y el triángulo secundario que está directamente enfrentado a él.

Para Goethe era de la mayor importancia comprender las reacciones humanas al color, y su investigación marca el inicio de la psicología moderna del color. Goethe creía que su triángulo era un diagrama de la mente humana y conectó cada color con ciertas emociones. Por ejemplo, asoció el azul con el entendimiento y la razón y creía que evocaba un estado de ánimo tranquilo, mientras que el rojo evocaba un estado de ánimo festivo y sugería la imaginación. Goethe escogió los primarios, rojo, amarillo y azul, basándose en su contenido emocional, así como también en los fundamentos físicos del color, y agrupó las distintas subdivisiones del triángulo por “elementos” emocionales y también por niveles de mezclado. Este aspecto emocional de la disposición del triángulo refleja la preocupación de Goethe por que el contenido emocional de cada color fuese tenido en cuenta por los artistas.






AZUL: Es el color de la inteligencia, la sabiduría, la reflexión y la paciencia. Induce al recogimiento, proporciona una sensación de espacio abierto, es el color del cielo y el mar en calma, y así evoca también paz y quietud. Actúa como calmante, sosegando los ánimos e invitando al pensamiento.

ROJO: Está relacionado con el fuego y evoca sensaciones de calor y excitación. Es el color de la sangre y el fuego, el color de Marte, símbolo de la violencia, de la pasión sensual; sugiere acción, impulso; es el color del movimiento y la vitalidad. Aumenta la tensión muscular, activa un cierto estado de alerta en el cerebro.

AMARILLO: Es el color del Sol. Para Goethe posee una condición alegre, risueña, es el color del optimismo. El amarillo tiene las cualidades del sol, es el color del poder y la arrogancia, pero también de la alegría, el buen humor y la buena voluntad; es un color estimulante.

VIOLETA: El violeta es el color de la madurez y la experiencia. En un matiz claro expresa profundidad, misticismo, misterio, melancolía, es el color de la intuición y la magia; en su tonalidad púrpura es símbolo de realeza, suntuosidad y dignidad.

NARANJA: Mezcla de amarillo y rojo, tiene las cualidades de ambos, aunque en menor grado. Para Goethe es el color de la energía, un color para temperamentos primarios, que gusta a niños, bárbaros y salvajes porque refuerza sus tendencias naturales al entusiasmo, al ardor, a la euforia...

VERDE: El verde significa la llegada de la primavera, simboliza la juventud y la esperanza. Por ser el color de la naturaleza, de los prados húmedos, sugiere aire libre y frescor; este color es reconfortante, libera al espíritu y equilibra las sensaciones.

En estos seis colores se comprenden toda la enorme variedad de matices que pueden ser obtenidos por las mezclas entre ellos y también por la de cada uno de ellos con el blanco o el negro; cada una de estas variaciones participa del carácter de los colores de los cuales proceden, aunque con predominio de aquel que intervenga en mayor proporción.

Personalmente, a pesar de no estar convencido de la universalidad de estas reacciones, que en muchos casos son de índole cultural y fruto de la tradición histórica, como explica la ya mentada Eva Heller en su Psicología del color, me he guiado en general por las conjeturas de Goethe, que han tenido una gran influencia en el mundo del arte (recordemos, como ejemplo, las pinturas de Turner, que se guiaba por los principios establecidos por el sabio alemán). Recientemente he tenido ocasión de ponerlas en práctica con un trabajo que, además, venía al pelo para ello: el imagotipo de la Sociedad Cántabra de Filosofía (SoCfia). La autoridad de Goethe sigue muy vigente en los círculos filosóficos, así que la referencia a sus teorías como apoyo de mis elecciones estéticas no fue sólo fruto de la costumbre personal, ya que elegí usarlas como referencia general hace varios años, sino una acción deliberada con vistas a ganarme el favor del jurado:


Para el color predominante en el isotipo se ha elegido un azul; según Goethe, el color de la sabiduría y la paciencia.

Dentro del ojo izquierdo se ha incluido un lábaro cántabro de color púrpura, un color asociado a Cantabria en el mismo fondo del antiguo estandarte cantabrum. En la psicología del color, se asocia asimismo a la sabiduría pero también a la intuición y la espiritualidad. El mismo color ha sido utilizado para el logotipo.

Así, la elección de los colores no es casual, sino que refleja una combinación de conceptos que conforman la esencia de la filosofía desde sus inicios.

10.12.08

A la venta "Bebés jugando con cuchillos", de Santiago Eximeno.



Desde hace unos días podéis ya comprar esta jugosa antología de ciencia ficción, terror y fantasía de uno de los mejores cuentistas fantásticos españoles (con cubierta diseñada por un servidor, por cierto). Y baratita de precio, además: menos de 10 euros. Una relación calidad-precio muy difícil de mejorar (hoy en día, tal como está el fantástico en España, imposible; bien por el editor).

Edita AJEC y se puede conseguir, entre otros sitios, en Cyberdark.

Yo me “enamoré” de los cuentos de Eximeno con uno de los relatos de la antología, Origami, que leí en el tren de camino a Getafe para asistir a la HispaCon 2003, y que se llevó el premio Ignotus, votado allí por los asistentes. Una auténtica joya, en serio.

En cuanto al libro en sí, por la parte que me toca, estoy muy satisfecho con cómo ha quedado. Al final Raúl se ha decidido, como yo le aconsejaba, por un plastificado brillante que le da más profundidad al negro y resalta los colores; una buena elección de la que me congratulo. Además, la cubierta está francamente bien impresa, los hendidos bien hechos, el lomo bien centradito..., en fin, un buen trabajo.

Lo único que me da rabia es que hasta el lunes que viene no podré empezar a leerlo. Tengo muchas ganas, pero el viernes tengo un examen importante y el fin de semana... Uf...

Ya os contaré lo del fin de semana cuando haya terminado. (¡Si sobrevivo!)

6.12.08

¡Yo quiero uno!



Esta figurilla presentada por BrickArms, una pequeña empresa que fabrica “armamento” compatible con las figurillas de Lego, y también figurillas custom como las de Lego, ha generado cierta polémica en EEUU y GB. Bueno, en realidad la polémica la ha generado un gilipollas de esos que no tienen otra cosa que hacer que ver fantasmas en todas partes, en este caso el responsable de una fundación musulmana británica.

¡A mí me mola!, y a los palurdos que les den por saco, sea cual sea su religión o ideología. Ya me hubiese gustado tenerla cuando era crío, y a un Rambo de Lego para hacer de amiguito suyo.

La noticia, en FoxNews.com.

24.11.08

¿Qué tendrá "Gantz" que me fascina...?


...¿y me impulsa a seguir leyendo capítulo tras capítulo de ultraviolencia sin sentido?

Ah, ya me acuerdo.



Los pin-ups de Hiroya Oku que tanto me gusta colorear.

 

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