Zeus / Apis
Hace años, yo dibujaba y pintaba regularmente, utilizando una variedad de técnicas bastante amplia. Ahora tiro de Photoshop y otras herramientas de creación y tratamiento de imágenes digitales para relajarme, pero entonces la informática gráfica estaba bastante verde y seguía mereciendo la pena mancharse las manos (y la ropa).
Precisamente una de las razones de que me pasara al Photoshop y acabase estudiando diseño es que mi madre no se llevaba muy bien con el disolvente que yo usaba para mantener mis pinceles en buena forma, ni con la peste a óleo, y eso que compraba los materiales con menos olor que podía encontrar (más caros, claro) para molestarla lo menos posible.
También he hecho algo de aguafuerte, pero descarté la idea de montar un taller en casa por motivos similares.
Claro que podía ir a un garaje cercano propiedad de mi familia para pintar a gusto y tenía cantidad de espacio para un taller, pero eso exigiría salir de casa y caminar doscientos metros, un esfuerzo inadmisible. Así que dejé el arte.
[Fue inmediatamente después de haber dejado la poesía (curiosamente con uno de mis mejores poemas que trata sobre mi incapacidad de entonces para escribir una poesía digna de tal nombre). Un problemilla que tengo con la poesía y, en general, con la literatura, es que si no me sale de las tripas no es lo mismo, como Juanma Larumbe puede atestiguar; tiene que ser algo visceral, algo que me arranco como una lanza clavada en la barriga, para que salga medianamente bien... y yo, sencillamente, ya no estaba in the mood. Puedo escribir cosas entretenidas pero ese escalón que me hace llegar más alto exige demasiado de mí. Pero volvamos al asunto.]
Uno de mis proyectos artísticos, en el que más trabajé, fue una serie de aguafuertes sobre las doce tareas de Heracles (o Hércules) que a su vez iba a ser parte de una mucho mayor sobre los mitos griegos. Planeaba hacerlos con la técnica de barniz blando, combinada con aguatinta, que no me había dado mal resultado con una escena de Drácula, de Bram Stoker:

Uno de los mitos en los que trabajé fue el del rapto de Europa. Hice un montón de bocetos y algunos los llevé al óleo. Intentaba buscar un rostro para Zeus que fuera claramente bovino pero al mismo tiempo evocase cierta humanidad. Llegué a obsesionarme con el tema.
Casualmente, un día me quedé sin soporte y pinté sobre el lado contrario de mi paleta. Pinté la cabeza, con los cuernos, y noté que faltaba algo. Sin saber muy bien por qué, dibujé un sol entre los cuernos. Así, sin darme mucha cuenta, convertí a un dios en otro. Aquí lo tenéis:

Por arte de... arte, Zeus convertido en Apis. Qué cosas.
(Por cierto, he cambiado El bache de la penúltima entrada, que nunca terminó de convencerme, por los poemas sobre el fin de mi poesía que mencioné antes, bastante más interesantes, creo. Poemas para el viejo Jean.)








