Ecos Cavernarios

Diario de un cavernícola con síndrome de Peter Pan

31.3.08

Zeus / Apis


Hace años, yo dibujaba y pintaba regularmente, utilizando una variedad de técnicas bastante amplia. Ahora tiro de Photoshop y otras herramientas de creación y tratamiento de imágenes digitales para relajarme, pero entonces la informática gráfica estaba bastante verde y seguía mereciendo la pena mancharse las manos (y la ropa).

Precisamente una de las razones de que me pasara al Photoshop y acabase estudiando diseño es que mi madre no se llevaba muy bien con el disolvente que yo usaba para mantener mis pinceles en buena forma, ni con la peste a óleo, y eso que compraba los materiales con menos olor que podía encontrar (más caros, claro) para molestarla lo menos posible.

También he hecho algo de aguafuerte, pero descarté la idea de montar un taller en casa por motivos similares.

Claro que podía ir a un garaje cercano propiedad de mi familia para pintar a gusto y tenía cantidad de espacio para un taller, pero eso exigiría salir de casa y caminar doscientos metros, un esfuerzo inadmisible. Así que dejé el “arte”.

[Fue inmediatamente después de haber dejado la poesía (curiosamente con uno de mis mejores poemas que trata sobre mi incapacidad de entonces para escribir una poesía digna de tal nombre). Un problemilla que tengo con la poesía y, en general, con la literatura, es que si no me sale de las tripas no es lo mismo, como Juanma Larumbe puede atestiguar; tiene que ser algo visceral, algo que me arranco como una lanza clavada en la barriga, para que salga medianamente bien... y yo, sencillamente, ya no estaba in the mood. Puedo escribir cosas entretenidas pero ese escalón que me hace llegar más alto exige demasiado de mí. Pero volvamos al asunto.]

Uno de mis proyectos artísticos, en el que más trabajé, fue una serie de aguafuertes sobre las doce tareas de Heracles (o Hércules) que a su vez iba a ser parte de una mucho mayor sobre los mitos griegos. Planeaba hacerlos con la técnica de barniz blando, combinada con aguatinta, que no me había dado mal resultado con una escena de Drácula, de Bram Stoker:


Uno de los mitos en los que trabajé fue el del rapto de Europa. Hice un montón de bocetos y algunos los llevé al óleo. Intentaba buscar un rostro para Zeus que fuera claramente bovino pero al mismo tiempo evocase cierta humanidad. Llegué a obsesionarme con el tema.

Casualmente, un día me quedé sin soporte y pinté sobre el lado contrario de mi paleta. Pinté la cabeza, con los cuernos, y noté que faltaba algo. Sin saber muy bien por qué, dibujé un sol entre los cuernos. Así, sin darme mucha cuenta, convertí a un dios en otro. Aquí lo tenéis:


Por arte de... arte, Zeus convertido en Apis. Qué cosas.


(Por cierto, he cambiado El bache de la penúltima entrada, que nunca terminó de convencerme, por los poemas sobre el fin de mi poesía que mencioné antes, bastante más interesantes, creo. Poemas para el viejo Jean.)

27.3.08

Parece pintado por un niño de tres años...


Recordando los tiempos en que sólo yo y cuatro gatos más sabíamos (en España) qué eran las Teenage Mutant Ninja Turtles (yo, gracias a una revista americana de rol que compré en París, en una tiendecita que había en los bajos de la catedral de Nôtre Dame, hace millones de años [1985]).


17.3.08

Poemas para el viejo Jean


A F. M. Fuentes Lorenzo


1

luego lloraré: depresión post parto
tras cagar el último verso
de mi último poema onanista,
primero de un nuevo hatajo
de alevosas verdades pergeñadas
para acentuar la diferencia entre nosotros,
ego obsoleto y odiado, lastre fatal.

porque no puedo soñar y vivir me da pereza,
y ser espectador empieza ya a cansarme;
sólo, yo solo, puedo hacer esto y es poco:
una paja en verso; la poesía como espasmo...

pues soy un impotente literario,
¡y el remedio es tan caro!


2

he olfateado la mierda de otros, como un perro,
buscando el rastro de mi arte extraviado.

mi único trofeo, una fétida imitación.

como una bombilla, que apagada
muestra la porquería que la cubre,
aniquilada, mi poesía se descubre...
y no es lo que yo pensaba.


3

eclipses y novas turnándose en mis sesos,
y lejanas arcadas como ladridos de perro viejo.
un largo latido, duro y seco,
y una ristra de poemas amarillos
brota con el jugo exprimido de mis ojos, desnudos y azotados...

pero en mi garganta, como un sapo, se ha quedado prendido
el último verso.

¡un poco más, maldito!, para eludir la asfixia.

(debe de ser esto
el famoso síndrome del poeta agotado)

15.3.08

Desaparecido en combate...


...con un virus que debe de ser alienígena, porque mi médico no tiene ni idea de lo que me está pasando. Llevo fuera de juego desde el miércoles cuando, estando en clase, sufrí un acceso de fiebre. De ahí que ayer no haya habido chica del viernes, etc.

Bueno, lo dejo, que sólo mirar la pantalla me hace daño. Jo, qué jaqueca.

8.3.08

Día de la Mujer Trabajadora



Mi hermana Clara cumple hoy 30 años (y le he regalado Los hijos de Húrin).


¡FELICIDADES!


Gary Gygax (1938-2008)


Ha muerto uno de los padres de los juegos de rol, Gary Gygax. En un rato libre he traducido el obituario de la SFWA; en atención a los muchos colegas aficionados a este tipo de juego, aquí lo tenéis (con un par de precisiones entre corchetes):

Gary Gygax (1938-2008)

Gary Ernest Gygax, co-creador del juego de rol de fantasía "Dragones y Mazmorras", murió el lunes, 5 de marzo, en su casa en Lake Geneva, Wisconsin, después de varios años con problemas de salud que incluían un aneurisma aórtico abdominal. Tenía 69 años.

Junto con Dave Arneson, Gygax desarrolló "Dragones y Mazmorras" a comienzos de los años 70. Ambos fundaron TSR. El juego fue disfrutado por millones de personas y de él salieron revistas, libros, películas y videojuegos que llevaron a algunos de esos entusiastas a leer literatura de fantasía de autores como Robert E. Howard, Fritz Leiber y otros. Muchos autores de hoy reconocen a "Dragones y Mazmorras" el haberles inspirado para empezar a escribir.

Gygax escribió varios libros relacionados, así como muchas novelas de fantasía, incluyendo la serie de novelas "Aventuras de Falcongris" y la saga de "Sagard el bárbaro" escrita con Flint Dille. La primera novela de ficción de Gygax fue una ucronía escrita con Terry Stafford titulada "Victorious German Arms: An Alternate Military History of World War II" ("Las Victoriosas Armas Alemanas: Una historia militar alternativa de la Segunda Guerra Mundial").

Le sobreviven su [última] esposa, Gail Carpenter-Gygax, y seis hijos [de tres matrimonios diferentes].

5 de marzo de 2008


7.3.08

Mi Palm T|X está celosa...


...porque un nuevo artilugio tecnológico ha entrado en mi vida:



Edito el mensaje para incluir una toma trasera, que se me había olvidado:


Después del verano intentaremos actualizarnos a la D-60. :-)

Hoy no hay chica


Unos imbéciles, unos hijos de puta con pistolas y balas pero sin sesos ni cojones, me han amargado el viernes.

¿Pero cómo se puede ser tan cobarde y tan zote?

Cada vez lo tengo más claro: un patriota, un idiota.

5.3.08

Ahora... ¡pisa a fondo!


El jueves pasado soñé que estaba con mi unidad de La Legión aproximándonos a la frontera de un país enemigo, separado de nosotros por una simple malla metálica, en una zona boscosa; al otro lado, un destacamento de soldados defendía una extraña máquina que unos técnicos de bata blanca intentaban apuntar hacia nosotros. Un arma, desde luego. Enseguida echamos el cuerpo a tierra buscando una posición que hiciera más complicado el ser alcanzado por las balas que empezaban a volar aquí y allá en nuestra dirección, silbando y golpeando los troncos de los árboles como martillos. Localicé un blanco, un soldado que disparaba contra nosotros con una rodilla apoyada en el suelo, apunté y disparé. Cayó de bruces, reculó y se agarró la pierna. Los técnicos se afanaban en girar la máquina hacia nosotros. Disparé a uno de los técnicos acertándole en el cuello. Otro trató de colarse por detrás de la máquina que, aparentemente, estaba ya en posición. Le disparé, intentando anticiparme a su movimiento, pero me pasé y le acerté en una mano que extendía frente a él. Mientras, los soldados caían uno detrás de otro. Nadie, excepto yo, parecía fijarse en los técnicos, que no portaban armas, pero que constituían claramente una amenaza para nosotros. Comencé a disparar directamente a la máquina, tratando de hallar puntos débiles en su armazón de color gris claro. Entonces uno de los técnicos se abalanzó hacia nosotros. Llevaba algo en la mano, parecido a una lata de melocotones. Una granada de tubo. Me incorporé y di un paso atrás para mejorar mi postura de tiro, apunté mi arma hacia él y apreté el gatillo. Mi compañero (joder, he olvidado la jerga legionaria; me hago viejo, está claro), a mi lado, disparó también contra él. No conseguimos frenarlo a tiempo; mientras caía al suelo a un metro de nosotros, su brazo logró lanzar lo que llevaba en la mano por encima de la valla. Dudé un milisegundo en tirarme al suelo o no. La granada iba a caer justo sobre mí; era inútil. Solté el pistolete de mi fusil, alargué el brazo y la bomba cayó en mi mano. Tenía que devolverla, devolverla enseguida. Empecé a echar el brazo hacia atrás y desperté.

¿Os hacéis una idea? Bueno, pues lo de esta tarde ha sido muy real y no lo he pasado mejor.


¡¡¡PUTO CARNET DE CONDUCIR!!!

 

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